FRAY JUAN DE LA PUEBLA: FUNDADOR DEL CONVENTO DE LOS ANGELES


Pocos conocen la vida de Fray Juan de la Puebla, el fundador del Convento de Los Ángeles. Hasta hace poco tiempo, yo mismo, tampoco conocía la vida y la obra de este venerable padre de la Orden Franciscana. Pero su relación es tan importante y trascendental para Hornachuelos que bien merecería, por lo menos, un recuerdo imborrable como el nombre de una calle o de una plaza (ahora que digo esto recuerdo que tampoco San Abundio tiene ese bien merecido recuerdo).
Leyendo y repasando esa importante obra de Fray Andrés de Guadalupe de 1662 llamada “Historia de la Santa Provincia de los Ángeles” y la obra de Alejandro Guichot y Sierra de 1896 llamada “La Montaña de los Ángeles”; quisiera compartir con los lectores de esta revista algunos rasgos de la vida y obra de Fray Juan de la Puebla. Juan de Sotomayor y Manrique de Zúñiga nació en 1453 en la Puebla de Alcocer
(Extremadura) hijo de los Condes de Belalcázar y Vizcondes de la Puebla. Quiero destacar este origen noble y su riqueza familiar que junto con el título nobiliario heredaría por ser el primogénito sino hubiera ingresado en la vida religiosa. Este “siervo bueno y fiel” prefirió el seguimiento radical de Jesucristo pobre, obediente y casto a los honores y riquezas de la vida. Y de este modo abraza la vida religiosa en el Monasterio de la Virgen de Guadalupe en la Orden de los Jerónimos en 1471 con el nombre de “Juan de la Puebla”, resistiendo los ruegos de su madre y parientes, que le llamaban para continuar con el linaje noble de los Belalcázar. Fray Juan fue admirado por sus virtudes por toda la Comunidad. Se decía que tuvo una visión celestial que le empujaba para que se entregara aún más al Señor en la Orden Franciscana. Marchó de Guadalupe a Roma, con altas recomendaciones, e hizo su nueva profesión religiosa en 1479 ante el Papa Sixto IV; pasó al Monasterio de la Porciúncula o Santa María de los Ángeles, que fundó San Francisco de Asís, y se admiró de la vida de los franciscanos, observando rigurosamente la pobreza y las penitencias. También visitó un Convento retirado que estaba en un monte cerca de Asís, llamado de las Carceres, acomodado a su espíritu solitario. Vuelve a España, Fray Juan de la Puebla, para encargarse de la educación de su sobrino, precisamente cuando llegaba a mayor decaimiento en nuestro país la Orden Franciscana. Este Venerable Padre tiene el deseo firme de observar la regla con el rigor y la pureza que había visto y aprendido en la provincia reformada franciscana de Asís. Posiblemente la Reina Isabel y el Cardenal Cisneros informándose de sus deseos y la propia orden Franciscana logran del Papa Inocencio VIII en 1489 una Bula para que undase Fray Juan de la Puebla dos Conventos de la Reforma Franciscana bajo el título de Custodia de Santa María de los Ángeles. Fray Juan, profundamente impresionado y enamorado de los Conventos de SantaMaría de los Ángeles en Asís y del Convento de Carceres en un monte cerca de Asís, piensa fundar en los montes de Sierra Morena en la provincia de Córdoba. Teniendo ya las licencias del Obispo y las recomendaciones de la Reina Isabel la Católica todo el camino de su nueva empresa está solucionado, solo queda buscar el sitio idóneo. Hablando un día en el Convento de San Jerónimo de Valparaíso con su Guardián o Prior Fray Andrés de Bujalance, éste le dio noticias de las ásperas montañas y soledades de la Sierra de Hornachuelos, donde hacían penitencia varios ermitaños y Fray Juan de la Puebla juzgó que estaba en el sitio que deseaba. Partió este Venerable Padre y once frailes a la villa de Hornachuelos, como nuevo San Francisco de Asís que con once frailes funda el Convento de Santa María de los Ángeles. A media legua de la villa se encontraron con un ermitaño, morador más antiguo de aquellas montañas, llamado Juan de Blanca. Recibió el ermitaño esa noche en su pobre albergue a los visitantes. Le informaron de sus deseos al ermitaño y éste les informó de un sitio que estaba cerca de su pobre ermita. A la mañana siguiente caminaron para visitar dicho sitio, pero era un lugar tan inaccesible y sin caminos que desistieron de fundar en dicho lugar. Determinaron ir a la villa de Hornachuelos y consultar el caso con la gente principal de la villa. Llegaron a la dicha villa un día de fiesta, dijo misa el Venerable Padre en la Parroquia, pidiendo al Señor luz y ayuda para llegar a fin término su determinación. Habló de su intención con Pedro de la Carrera y Pedro Jiménez, jurados de la villa, y con los principales de ella. Dichos vecinos quedaron entusiasmados de tal empresa y le ofrecieron a Fray Juan de la Puebla ayudarle en todo lo necesario y sobre todo en la construcción del Convento. Dichos vecinos les dijeron que era conveniente fundasen el Convento en una Ermita llamada de Nuestra Señora de la Peña, cerca de Hornachuelos, donde vivía un ermitaño retirado. Fueron los frailes con los vecinos principales de la villa a dicho lugar pero lo descartaron por los peligros constantes de las alimañas del monte. No encontraban el lugar idóneo para fundar en la Serranía de Hornachuelos, parecía todo perdido y la oportunidad para la villa de contar con el Convento Franciscano. Pero la providencia divina hizo que se presentasen dos cazadores, de esos que conocen palmo a palmo la sierra, y éstos conociendo el lugar que desea Fray Juan lo condujeron hacía dos empinados monte al oriente de la villa, entre los cuales discurría el río Bembézar. Y descendieron por uno de los montes hacia una pequeña mesetilla donde había un rico manantial de agua, algunos árboles frutales, un colmenar en ruinas y cuevas naturales. Lugar ideal por lo áspero, austero y soledad de la montaña. Allí decidieron, pues, fundar el Convento. Llegados de nuevo a la villa informaron del lugar y a la mañana siguiente salieron de nuevo al lugar los frailes y algunos vecinos de Hornachuelos para dar comienzo a la construcción del humilde y sencillo Convento. Era el 14 de Abril de 1490. Señalaron en la meseta el sitio de la Iglesia y la comenzaron, aprovechando las ruinas del colmenar. Una Iglesia pequeña, apenas capaz para celebrar la Misa, de piedra y barro. La cual consagraron a la Reina de los Ángeles como memoria de aquel primer Convento que San Francisco fundara en Asís. Después construyeron las celdas para los frailes, celdas estrechas con barro y piedras, cubiertas de palos y ramas, con puertas de corcho y por lechos unas cañas. Rodearon el Convento de tapias de piedras y troncos. E hicieron la huerta sobre la peña viva. En todo imitaron al Convento de la Porciúncula o Santa María de los Ángeles de Asís: en la construcción del edificio, en la regla de la comunidad y en el mismo nombre del Convento.
Estos fueron los humildes orígenes del Convento de Santa María de los Ángeles, origen común de los vecinos de Hornachuelos y de los sencillos frailes de San Francisco.
 
                                                            Francisco Jesús Campos Barrera, Párroco.