HUMILDE ORIGEN DE LA CRUZ DE SOR FELIPA Y HALLAZGO DE LA CORONA CONDAL QUE REMATABA EL ESCUDO DE LA CAPILLA DE LOS SOTOMAYOR




Mucho interés, curiosidad y cierta polémica despertó el cartel anunciador de la obra de teatro, El Halcón y la Columna, representada, en agosto de 2006, en el patio de la huerta del convento de Santa Clara.

Sor Felipa de la Cruz, hija de los condes de Belalcázar, vivió y murió como monja clarisa en este convento. Conocida es su religiosidad y devoción por la Santa Cruz que caracterizó, igualmente, a la familia condal siempre muy allegada a clarisas y franciscanos.

Conocido es que sor Felipa de la Cruz, durante su vida monástica, se retiraba con frecuencia a orar y meditar sobre la Pasión de Cristo ante una cruz que había en la huerta del convento. Esta cruz permaneció en su lugar hasta que se destruyó con el saqueo del convento en los desastres de la guerra civil.

Pasada la contienda, la madre sor Guadalupe de Jesús se entregó decididamente a la obra de reparación y puesta en servicio del monasterio amenazado de cierre y derrumbe progresivo. Entre las personas del pueblo, colaboradoras más cercanas con la madre Guadalupe, figuran Luís Delgado como gestor y Dionisio Núñez como maestro albañil.

Estas dos personas me refirieron, por separado y en días diferentes, coincidiendo ambos en idénticos detalles, cómo se levantó la actual Cruz de sor Felipa, emblema del cartel anunciador de la referida obra teatral.

La madre Guadalupe, de cuya vida encontramos paralelismos con la de Sor Felipa, quiso reconstruir aquella cruz que presidía el trabajo de las monjas en la huerta y se lo hizo saber a Luís y Dionisio.

Como las dificultades económicas no daban para adquirir materiales de construcción hubo que recurrir a la reutilización de los procedentes del derribo de otros edificios.

Vino a coincidir, por esas mismas fechas, que sobre el 3 de abril de 1947 se produjo el derrumbe de una parte de nuestra parroquia, que afectó a su bóveda, ábside y tres capillas contiguas en cada lado.

Entre los escombros de este derrumbe se halló, en bastante buen estado, el fuste de una de las dos columnas graníticas, acanaladas y gemelas que con otros elementos componían, a modo de retablo, el decorado de la capilla de la Virgen del Rosario, que es la que está en el lado del evangelio, adyacente a la del Sagrario o Sotomayor, y que después se reconstruyó lisa de adornos.

El popular cantero local, Veneno, apodo derivado de su nombre propio Benedicto, tenía abandonada en su taller, porque no logró venderla, una cruz que hizo para presidir una tumba. Los brazos de esta cruz parten de una corona circular con ocho radios interiores y está labrada en riolita, roca que se extrae, en Belalcázar, de unas canteras próximas al castillo.

Dadas las circunstancias, el cantero donó la cruz y combinando aquel fuste granítico de columna acanalada con esta cruz de corona circular se levantó, en la huerta de Santa Clara, la actual cruz de sor Felipa, que fue emblema del cartel de la obra de teatro, el Halcón y la Columna El mismo Dionisio Núñez, al contarme lo anterior sobre la cruz de sor Felipa, me refrió, además, que entre los escombros de la parroquia venía la corona condal que complementaba el escudo de los Sotomayor en su capilla de la iglesia parroquial. La corona, al igual que el escudo, está esculpida en roca de riolita de color rosado.

Cuando, después del mencionado derrumbe, se reconstruyó, piedra a piedra, la capilla de Sotomayor se colocó su escudo en el lugar correspondiente pero no la corona sin que se sepa por qué razones.

Esta corona tiene forma, aproximada, de cuadrante circular con sus caras superior e inferior planas y 30 cm altura entre ambas; la zona circular se compone de un cerco dividido en dos bandas, la primera con adornos de flor de lis y la segunda de pedrería.

Sobre la superficie plana de la cara superior falta el elemento decorativo de puntas, propio de una corona condal, como puede verse en los escudos de madera policromada que hay sobre el techo de la iglesia de Santa Clara, en los que se alternan puntas trifoliadas y triperladas. Este elemento pudo romperse y desaparecer entre los escombros durante los trabajos de desmontar para después reconstruir esta capilla, ya que la riolita es una roca bastante quebradiza debido a las numerosas y finas grietas interiores que contiene.

Muy recientemente se ha encontrado una fotografía de la iglesia derrumbada donde aparece intacto el primitivo decorado externo-superior de la capilla de Sotomayor con su escudo, en el que se aprecia, ligeramente, este elemento

Actualmente, la corona se halla custodiada en casa de los franciscanos de nuestro pueblo, esperando una más idónea ubicación.

Claudio Rodríguez